Neveras que conservan los libros de la selva

Por: Nibeth Adriana Duarte – Periodista digital de MaguaRED.

Meses atrás, un hombre moreno de estatura promedio, peinado al estilo rastafari, había llegado a la oficina con la intención de recoger donaciones de libros para su proyecto de promoción de lectura en Leticia. Era Dawis García, técnico en primera infancia que decidió dedicarse al trabajo con los niños desde el arte. En el Amazonas emprendió varios proyectos en pro de la infancia y desde hace unos años se dedicó a convertir neveras abandonadas en bibliotecas. Atraída por lo que contaba, quise ir a Leticia para ver cómo es posible acercar los libros a los niños aprovechando neveras destruidas por la fuerte humedad.

Desde el aire, saliendo de Bogotá rumbo al Amazonas, se ven pequeños bloques de cemento que pueblan las montañas hasta que el paisaje urbano desaparece en una espesa nube. Pasada una hora, la extensa selva empieza a aparecer. Los árboles a esa altura son como un coliflor frondoso. Cuando se aproxima el aterrizaje se empieza a percibir la acción de la mano del hombre. Los árboles yacen en estado letárgico en el suelo, desnudos, algunos han caído. He llegado a Leticia, el punto de asfalto en medio de la selva. Allí me recibe Dawis García.

Dawis es un soñador enamorado del Amazonas, que se fue de su ciudad natal, Bogotá, a prestar servicio militar en las profundidades de la selva. Meses después de terminar el servicio, volvió a su ciudad con paludismo, una de las enfermedades más temibles y más comunes en la selva y, después de su recuperación, empezó a sentir que Bogotá no era la misma y ya no se sentía parte de su dinámica. Sin dudarlo volvió al Amazonas, donde  estudió en el Sena el programa técnico en primera infancia, y su trabajo con los niños lo llevó a vincularse a Cuerpo Sonoro, el diplomado del Ministerio de Cultura que lo condujo años más tarde al proyecto de las “Biblioneveras”.

Las pequeñas bibliotecas públicas o “Biblioneveras”, son un proyecto de inclusión social y cultura ciudadana que ha acercado la lectura a las comunidades más alejadas de Leticia para el disfrute de todos, pero sobre todo de los niños quienes pueden acceder no solo a material literario sino recreativo, pertinente y de calidad que incluye material académico y de consulta, así como libros especializados para primera infancia.

El trabajo de Dawis García, empieza con la recolección de las neveras que son arrojadas a la calle cuando la humedad ha agotado su tiempo de funcionamiento. Él les hace un trabajo de recuperación en el que a veces tiene que cambiar puertas, y aplicar pintura anticorrosiva para que no se sigan deteriorando. Cuando regresa con la nevera a alguna comunidad, esta ya se ha convertido en una pequeña biblioteca que alcanza a alojar entre 100 y 150 libros.

La primera comunidad que me lleva a visitar está ubicada en el kilómetro 4 de la vía  Leticia – Tarapacá, en el barrio Nea Nee Mechi que en tikuna significa “ciudad bonita”, habitado por cerca de 400 familias, beneficiarias del programa de viviendas de interés prioritario entregadas por prosperidad social hace un año y donde Dawis ha instalando su más reciente nevera. En este lugar, como cuenta él, la comunidad ha participado activamente de la construcción del kiosko que la protege y los más activos han sido los jóvenes de este barrio en situación de vulnerabilidad que han salido de la criminalidad.

Cuando una biblioteca llega a algún lugar, la comunidad la recibe como algo propio. Cada vez que se entrega alguna nevera, Dawis organiza un círculo de lectura y una presentación de títeres relacionada con los libros y su disfrute, así como funciones de cine clubes, actividades artísticas y espacios constructivos para la recreación que incluyen la decoración de las neveras por los mismos niños y beneficiarios.

Luego vamos a Manguare, otro barrio de casas de interés social donde el alcantarillado y las vías de acceso están todavía en construcción. Allí las señoras de la comunidad están reunidas al lado de la biblionevera, que se ha convertido en un espacio de encuentro y socialización. Me miran con prevención, pese a que Dawis me ha presentado. El promotor de lectura encargado de esta nevera, es un joven del barrio, que ha demostrado su liderazgo e interés y tiene como misión abrir la nevera dos veces al día. Él se da cuenta de mi presencia y empieza a señalar las donaciones de libros que han hecho los mismos vecinos, que han reducido el espacio disponible. Esta es una nevera llena de libros que los niños han sabido aprovechar. Lo noto, porque dos de ellos se acercan corriendo al ver que han abierto la nevera, para escoger lo que quieren leer.

La biblionevera es de la comunidad y se ha convertido en un espacio cultural que incentiva la donación de libros y la lectura, así como se convierte un espacio de consulta para que los niños hagan sus tareas y descubran y profundicen en sus intereses y gustos particulares.

Luego nos acercamos al casco urbano y entramos al centro de detención especial de menores infractores donde hay textos con otra curaduría, pensada para que los libros motiven a estos chicos y les brinden herramientas para pasar su tiempo en reclusión de una forma más constructiva.

El impacto de las bibliotecas públicas es positivo. Empezando porque la comunidad entiende que ese elemento que consideraban basura ahora es un tesoro de todos. Aportando a la conciencia medio ambiental y a una nueva concepción de lo que consideramos desecho o residuoDawis García

Al finalizar el día, Dawis me lleva en su moto al Hospital San Rafael de Leticia. Allí entro a la sala de pediatría donde se recuperan niños recién nacidos, otros que hablan a media lengua y algunos más que, con pequeños pasos, se acercan a la biblionevera que está ubicada en el centro de la sala y está dotada con algunos de los libros especializados en primera infancia que el Ministerio de Cultura entregó a mediados del 2017. Además, esta biblioteca cuenta con títeres, instrumentos, material didáctico y de dibujo.  

El médico de turno me habla de los beneficios de esta nevera, que ha llegado para alegrar y ayudar a la recuperación de estos pequeños pacientes y contribuido a que su estadía en la sala de pediatría sea un poco más placentera.

Al terminar mi recorrido, me encuentro con Adriana Bueno quien está al frente de Hábitat sur, la fundación que lidera el proyecto, y que me cuenta que las pequeñas bibliotecas públicas hacen parte de una estrategia que va de la mano con la “Bibliovan” o espacio cultural móvil que se lleva a cabo con la ayuda del departamento de policía del Amazonas. Las biblovanes, que hoy son dos, fueron camionetas de la policía y han sido adecuadas para que en su interior lleven libros, juegos, cine, arte y material educativo, para que viajen por todos los barrios de Leticia y las comunidades rurales llevando todos estos recursos culturales a los niños.

En el marco de la estrategia de la Bibliovan, desarrollamos talleres especiales dirigidos a los niños , con los objetivos principales de generar capacidades de autocrítica, reflexión y análisis de su entorno, así como de recuperar y preservar la memoria indígena por medio de los relatos , mitos y leyendas tradicionales de las comunidades amazónicasAdriana Bueno

“La estrategia la acompañamos con las pequeñas bibliotecas públicas. En el Parque Santander, ubicamos la primera biblionevera,y se convirtió en un proyecto que busca generar interacciones constructivas entre los ciudadanos, especialmente en los barrios más marginales de la ciudad, que tienen menos oportunidades de acceder a la oferta cultural y también en los lugares donde se encuentra la población particularmente vulnerable”

En Leticia antes de las biblioneveras, y según lo que me comenta Dawis, la única forma de acceder a los libros era visitar la biblioteca del Banco de la República en el centro de Leticia, una opción que implicaba largos desplazamientos y gastos inviables para las comunidades ubicadas fuera del casco urbano. Hoy, además de esta biblioteca y de la Biblioteca municipal, existen nueve biblioneveras que están ubicadas tanto en el parque central de Leticia como en las comunidades más apartadas beneficiando a más de 2500 niños y jóvenes, según datos de la fundación Hábitat Sur, y recibiendo diariamente un promedio de 40 visitas cada una.

Llega el momento de mi partida. Me llevo la satisfacción de saber que existen iniciativas como esta, diseñadas para brindar acceso a la lectura a los niños de estas comunidades tan alejadas del centro económico del país, niños que son herederos de antiguas tradiciones culturales, con un profundo arraigo por su territorio, conocedores del valor de las cosas que son para todos, como estas biblioneveras que espero encontrar llenas de historias escritas en tikuna, kukama, huitoto, para que el valor de la lectura los invite a compartir con el mundo sus propias historias y que todas sus tradiciones orales se conviertan en cuentos escritos que puedan llegar a los ojos y oídos de los niños del futuro.

 

Etiquetas: , , , ,

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

-->
Ir a la barra de herramientas