Casa de pensamiento Shinyak, un espacio del pueblo Kamentza en la ciudad

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En la localidad de Santafé, en el barrio San Bernardo, se encuentra el jardín infantil o casa de pensamiento intercultural Shinyak, del pueblo Kamentza, también denominado Kamsá, Kamëntšá o Camsá, que traduce en lengua nativa “personas de aquí mismo con pensamiento y lengua propia”. Aunque en el momento, la casa de pensamiento acoge a solo cinco niños de la comunidad, su dirección, el plan pedagógico y la sabedora que acompaña el proceso de los niños pertenecen a este pueblo cuyo territorio ancestral se encuentra en el valle de Sibundoy, en Putumayo, en medio de las montañas orientales de los Andes colombianos del Sur.

La casa, acoge a todos los niños que necesiten atención, principalmente aledaños al barrio, con un modelo intercultural que permea las clases, el conocimiento de la lengua Kamentza, los cantos y las distintas actividades que se dan en la sala Shinyak que inicia el lunes con una armonización y el jueves con el espacio de diálogo.

Esta sala Shinyak se encuentra en el primer piso del jardín conformado por tres niveles, y resalta por su estructura que es similar a la maloka donde se reúnen los Kamentza, para sus espacios de diálogo. Su vestuario representativo, así como algunos instrumentos se encuentran decorando el lugar. En el centro está el fuego, muy importante para los espacios de comunión de esta comunidad, seguido de tres piedras que representan el padre sol, la madre luna y los hijos estrellas. Alrededor de esta maloka están los pequeños butacos pensados para los niños y que conservan el diseño ancestral y un mural que representa los ritos alrededor del fuego, la importancia del taita, las yerbas y el ciclo lunar.

Las casas de pensamiento obedecen a reivindicaciones políticas de los diferentes pueblos que habitan en Bogotá y están lideradas por Cabildos: Muiscas de Bosa y Muisca de Suba, Pijao, Kichwas e Inga y por los líderes indígenas de los pueblos: Kamentza, Uitoto, Pastos, Misak y Nasa.

En 2014, ya funcionaban seis casas de pensamiento y aunque persistió la lógica poblacional, cuya presencia en la capital está marcada por una mayoría embera, los pueblos Pastos, Kamentza, Nasa y Misak, reclamaron su derecho a tener su propia Casa de Pensamiento y la Administración Distrital consideró seguir cumpliendo con el compromiso inicial de ampliar la oferta a todos los niños indígenas pertenecientes a los pueblos indígenas.

En Shinyak, el recibimiento está a cargo del coordinador de la casa y de la batá o sabedora, que tiene a cargo el conocimiento ancestral para la transmisión de saberes a los niños. En una pequeña ceremonia, en sala Shinyak, toma unas yerbas para explicar sus características medicinales y sanadoras.

Batá. María Concepción es la sabedora del jardín intercultural Shinyak

El plan pedagógico de este jardín está pensado desde los tiempos de siembra y cosecha, así como en el calendario lunar que predomina en su cultura.

Empieza con el Bojat`sèn shinya, en enero, el Bétsknate, el gran día o comienzo de año para los Kamentza, que puede ser entre febrero o marzo según el calendario lunar, la Uanarsenshing o siembra delantera, que representa los meses de preparación, T’’sabe y Unatsen Shinye propia siembra delantera, Uashenzentsn shinye siembra del maíz y el Tsabe unatsenshing propia siembra. Los niños del jardín están organizados en la sala materna, los caminadores, párvulos, pre jardín y jardín.  

Para los Kamentza la tierra es muy importante porque es la que provee alimento, y como cuenta la batá en ocasiones no se deja pisar ni por las gallinas.

Cuando un niño Kamentza nace, cortamos, cogemos la placenta, la envolvemos, abrimos la tierra, enterramos y prendemos fuego para que se consuma. Con el fin de que el ser humano se conecte. Así como llego de un vientre, se tiene que conectar con el mundo, por eso cuando el niño, es joven o adulto siempre va a estar en la mente de su pueblo de origen

Coordinador de la casa de pensamiento, Alexis Ermes Chindoy, originario del pueblo Kamentza

En el segundo piso donde se encuentran los salones, los niños saludan a la batá en las dos lenguas, y ella como si fuera un repaso, les dice los números en Kamentza para que ellos los repitan. La maestra retoma su actividad con los niños, en donde trabaja un mural, precisamente donde se identifican las plantas sagradas. Mientras se divierten cortando papel y pegando papel crepé, aprenden de la importancia de la naturaleza y su cuidado. En la casa cuando un niño es desobediente se hace un consejo de la palabra que no funciona como un castigo sino donde tiene que reflexionar acompañado de la batá que le enseña la importancia del respeto, la escucha y el entendimiento.

La educación intercultural, y la diversidad, amplía las voces desde donde se sitúa el conocimiento, las vivencias, costumbres e identidades que requieren ser entendidas desde sus diferencias, por lo que educar en la diferencia sugiere tener en cuenta no solo las experiencias de apropiación y valoración de la identidad y cultura propia sino de aquellas que facilitan la comprensión y aceptación de otras identidades, formas de ser y de estar en el mundo.

La población camëntsá que habita en zonas urbanas, en todo el país, corresponde al 39,5% (1.928 personas) y su permanencia en los centros urbanos es muy variable porque en epocas de cosechas hacen lo posible por volver a su territorio.

El conocimiento ancestral de las plantas medicinales, así como la importancia de la palabra y el diálogo son fundamentales para cualquier comunidad que esté creciendo y aprendiendo como los niños que hoy ven clases en el jardín Shinyak de la localidad de Santafé.

 

 

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