Experiencias musicales y su impacto en la primera infancia

Por Sergio Triviño Rey (Bogotá 1992) Antropólogo, músico empírico y candidato a magister en musicoterapia y musicología de la Universidad Nacional, co-director de La Cuadrilla Murguera Bogotana, profesor del curso Fiestas Populares y Carnaval de la Universidad Nacional, Autor de Murga Uruguaya en Colombia, artículo publicado en Memorias V Encuentro Internacional sobre Estudios de Fiesta, Nación y cultura de Intercultura Colombia.

Somos seres musicales (ojo que esto no sólo aplica para instrumentistas o músicos de profesión): cada día tenemos múltiples experiencias musicales que acompañan, definen, amenizan, otorgan sentido a nuestra cotidianidad, nuestras relaciones e incluso a nuestra vida. La canción que estamos escuchando en este momento, el tema que cantamos a grito herido y nos trae recuerdos, esa canción que nos lleva a un viaje memorable, la del programa que veíamos cuando éramos niños y la que nos encanta bailar en las fiestas.

La música cumple una función cultural y es reflejo de los constructos culturales que la crean y la reproducen. Dicho de otra forma, en la música se reflejan aquellas cosas importantes para los grupos humanos, sus relaciones y su forma de entender el mundo. La música nos habla de paisajes, geografía, momentos históricos, relaciones, emociones que han sido experimentadas por la humanidad. Las experiencias musicales son también, formas de conocer el mundo.

Desde que nacemos (e incluso antes de nacer) nos vemos rodeados de música, la melodía en la voz de nuestra madre, las canciones de cuna y arrullo que nos canta la abuela, pasando por los juegos de papá y esas primeras tonadas que nos aprendemos de la radio, el televisor o el computador.

La política de Cero a Siempre, ley 1804 de 2016, “representa la postura y comprensión que tiene el Estado colombiano sobre la primera infancia, que en corresponsabilidad con las familias y la sociedad, aseguran la protección integral y la garantía del goce efectivo de los derechos de la mujer en estado de embarazo y de los niños y niñas desde los cero (O) hasta los seis (6) años de edad” entendiendo la primera infancia como la etapa del ciclo vital en la que se establecen las bases para el desarrollo cognitivo, emocional y social del ser humano. Durante esta etapa ocurren muchos cambios de orden cognitivo, físico y emocional en corto tiempo. Se sientan las bases para el desarrollo psicosocial de los individuos y por lo tanto es una época de transformaciones rápidas. Las experiencias musicales en esta etapa representan una posibilidad única de conocer y relacionarse con el mundo.

Brynful Stige, musicoterapeuta noruego, presenta el término protomusicality, para hablar de la capacidad innata de los seres humanos para comunicarse a través de la música. Esta capacidad se desarrolla en los primeros años de edad, junto a la capacidad del habla, y permite desarrollos cognitivos y motores diferentes. A pesar de que ésta capacidad es innata, culturalmente no se desarrolla como lo hace el habla. Se cree que la música sólo se debe dar en lugares específicos (escuelas, universidades, auditorios, salas concertadas) y sólo puede ser aprendida y enseñada por personas extraordinarias que no pertenecen al común (gente con alguna suerte de don) y ahí se deja de explorar esta capacidad innata que tenemos todos, no sólo algunos.

Las experiencias musicales en la primera infancia representan una posibilidad de desarrollar esta capacidad innata de la que habla Stige y en este sentido explorar, entender y comunicar el mundo de una manera diferente. Y claro, las experiencias musicales para niños de 0 a 6 años no sólo son clases formales de música y canto dictadas en la escuela. Las experiencias musicales abarcan un amplio espectro que escapa a la academia y se puede encontrar en la cotidianidad de la familia: arrullos, canciones de cuna, juegos musicales y tonadas favoritas compartidas en el calor del hogar que permiten al niño desarrollar su capacidad inherente para comunicarse a través de la música y generar relaciones emocionales fuertes con sus padres, tutores y familiares.

Las experiencias musicales en esta etapa del desarrollo humano tienen un impacto profundo en múltiples escenarios, desde las relaciones afectivas y familiares hasta las habilidades comunicativas verbales y no verbales, pasando por el aprendizaje y conocimiento del mundo y terminando en el desarrollo de habilidades motoras y el fortalecimiento cognitivo.

Lo mejor de todo es que dicho impacto no se detiene cuando termina esta etapa. Las experiencias musicales son posibilidades inmensas de conocimiento, transformación y auto-crecimiento que continúan y se fortalecen en cualquier etapa de la vida humana.

 
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