El apoyo es fundamental para realizar los sueños. Un perfil de Paloma Valdivia

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Paloma Valdivia, autora e ilustradora. Foto de MaguaRED

Paloma Valdivia es de esos autores y artistas que tienen una memoria privilegiada de su infancia. Su primer recuerdo es de cuando tenía un año y medio de edad. Se acuerda de ver el sol entrando por su ventana y como las pelusas en el aire la maravillaban. Los recuerdos vividos de su infancia y las preguntas que le quedaron por resolver de pequeña son el lugar donde ella se sitúa para hacer libros infantiles.’

Su momento de mayor felicidad en su niñez, era cuando dibujaba mientras los adultos conversaban a su alrededor. Confiesa que todos sabían en su casa de su pasión y en las ocasiones especiales como cumpleaños o navidad, le regalaban lápices.

Que se dedicara a la ilustración y a los libros para niños, fue gracias al apoyo constante de su familia. Cuando tenía unos diez años, Paloma participaba en todos los concursos de dibujo que veía en el diario y su familia, principalmente su mamá y su abuela se encargaban de hacer llegar el dibujo a cada evento. Unas veces ganaba y otras no. Luego cuando ingresó al colegio de monjas, sus maestras la incentivaron a seguir participando en estos concursos y cuando ganaba llevaban a todo el colegio a ver el dibujo y la premiación.

Yo no era tan buena dibujante, pero sí tuve mucho apoyo, confianza y cariño en cuanto a la pasión que yo sentía por dibujar. Desde ese lugar sentí seguridad y quise seguir dibujando.

La pregunta realmente no es por qué los ilustradores se dedican a dibujar, sino más bien, por qué los demás dejaron de hacerlo. Como ella dice, todos dibujaban de niños, solo que cuando se cumple una edad más allá de los siete años y los niños descubren que el perro que dibujaron no se parece en nada con el real, hay una especie de frustración. Esto cambia si los niños tienen una persona que los aliente a continuar como en el caso de Paloma.

A diferencia de algunas cosas que en el ser humano pueden evolucionar sin practicarlo como el pensamiento, cuando un niño deja de dibujar, y nunca más dibuja, va a dibujar el mismo gato que hacía a los siete años. No hay evolución sino se practica. Uno puede dibujar bien si lo sigue haciendo o puede volver a dibujar bien, si lo retoma“.

Paloma no solo era talentosa sino muy inteligente y cuando presentó la prueba para ingresar a la universidad, obtuvo uno de los puntajes más altos y con el que podía aspirar a cualquier carrera. En algún momento estudiar medicina estuvo en sus opciones, igual que periodismo y arte. Sin embargo y gracias a que su mamá la conocía muy bien, la fue guiando hacia el diseño y la impulsó para que se inscribiera en esta carrera que le permitía seguir creando sus dibujos, en la Universidad Católica de Chile.

En ese entonces en Chile prácticamente no existía la ilustración, y Paloma no supo que podía vivir del dibujo y hacer libros, hasta que conoció su maestra y cómplice Valentina Cruz, que venía de España.

“Para ser ilustrador no hay que ser gran dibujante, un ilustrador tiene que transmitir bien ideas, y contar cosas desde su punto de vista. El recurso no importa tanto si transmite una idea y concepto. no sé si importan tanto el recurso, tiene que transmitir una idea y concepto“.

Su inspiración viene de muchas fuentes, del gusto por contar historias, de leer, de su relación con el libro como objeto, pero sobre todo de esa conversación que mantiene con su niña interior. Algunas veces también son los conflictos que le parecen injustos y que quisiera explicar de una mejor manera. Como cuenta en su libro Los de arriba y los de abajo

“Cuando era niña pensaba ¿por qué el que dibujó el mapa, nos puso a los chilenos en la parte de abajo y  todos los ricachones quedaron arriba? ¿qué hubiera pasado si los pobres hubiéramos estado arriba, seríamos ricos?

Paloma en este libro intenta explicar que todo depende de cómo se mire, que en realidad todos somos iguales y que las diferencias nacen más por otras cosas como el clima. Mientras en un lado se siembra, en otro se cosecha, cuando unos usan sus trajes de baño, en algunos lados usan la sombrilla. Pero todo cambia si se toma el libro al revés.

Los libros me los hacía a mi cuando era niña y de cómo yo me recordaba. Ahora tengo un hijo, y me doy cuenta que es muy distinto a mí, los libros que le gustan a él son muy distintos a los que me gustaban a mí. A él le gusta tocar el piano, a mí me gustaba jugar con las muñecas, era mucho más tranquila, no tenía tantas pasiones como quizás las tiene él“

A futuro, piensa hacer libros como le gustarían a su hijo, con temas científicos y de humor dejando un poco de lado esos libros que eran más autobiográficos.

Para hacer literatura infantil, no hay reglas, más bien mucha libertad. Desde el punto de vista de la ilustradora, el único criterio es que el libro tiene que ser bueno. Además pese a que los temas sean muy difíciles como la muerte, los libros para niños siempre tienen que hablar de la esperanza, porque en sus palabras, la vida misma también la tiene. “Aunque pienses que es para niños, va a trascender, El pato y la muerte es un libro maravilloso para niños y adultos, para cualquiera que tenga el tiempo de leerlo, lo va sorprender y emocionar. Un libro infantil contiene las primeras imágenes que verán, es la puerta al mundo y la ventana al conocimiento. Es el desafío de la primera vez

Para Paloma, los niños representan la libertad, la pregunta, la locura, y la sorpresa. “Cuando se está ante un pequeño, se está lleno de energía. Uno se sorprende de lo que ellos se sorprenden y uno quiere hacer la vida más bonita por eso“.

 

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