Un docente que no lee, es como un niño que no juega

Por Lolita Aguilar (Costa Rica) tiene formación como docente de Castellano y Literatura,es actriz de teatro profesional con 16 años de experiencia, en ambos casos graduada de la Universidad de Costa Rica. Durante cinco años y medio trabajó como asesora pedagógica en el Grupo Nación, donde se desempeñó en el Departamento Libros para Todos, con el que capacitó a muchos docentes de su país y ahora trabaja con la Editorial Santillana en el mismo cargo. Creó junto al equipo de Libros para Todos, la revista Soy Docente, dirigida a docentes de primaria y capacita en diversas áreas,principalmente en la promoción de lectura utilizando el teatro y sus elementos para fomentar en los docentes y en los niños el gusto y el placer por la lectura.

¿Qué pensarías si te dijeran que hay un piloto al que no le gusta volar, que hay un pescador al que no le gusta el agua o que hay un vendedor al que no le gusta competir? ¿Sonaría poco creíble verdad?

¿Qué sentirías si te dijera que hay un docente al que no le gusta leer, corrijo, que hay muchos docentes a los que no les gusta leer? Yo no sé a vos, pero a mí me provoca exactamente el mismo efecto: no lo creería, me resultaría impensable. Pues, aunque parezca increíble o contradictorio: hay muchos docentes a los que no les gusta leer. Esto me lleva plantearme una serie de preguntas: ¿cómo se transmite la pasión por la lectura, la pasión por el descubrimiento, por conocer nuevos mundos? ¿cómo, si no es a través de la lectura? ¿cómo se motiva, cómo se llena una clase de magia, cómo se brinda un contexto, cómo se abre un espacio de participación para niños que aún no han pasado el proceso de lectoescritura o en niños que ya dominan sus primeros escritos? ¿cómo se fortalece la educación, cómo se crea conciencia, cómo se desarrolla criticidad, si no es a través de la lectura? ¿cómo se aprende a escribir, a argumentar, a sostener una idea, a pensar, si no es a través de la lectura?

Cuando un docente me dice que no le gusta leer, todo mi ser experimenta una sensación inmediata de incomprensión; es como si un niño de cuatro años me dijera que no le gusta jugar, como si un futbolista me dijera que no le gusta entrenar. Me provoca el mismo desconcierto, la misma reacción. Es una postura que no comprendo y que me niego a aceptar.

Un docente es un guía, es un facilitador en el proceso de aprendizaje, no es un transmisor de conocimientos y mucho menos un transmisor de contenidos aislados. Si queremos cautivar, enamorar, brindar espacios de recreación, de placer, de disfrute, de goce estético; tenemos que leer.

Conozco una docente maravillosa que comenzó a redactar poemas para explicar cualquier contenido del programa de estudios. De esa manera explicó por ejemplo un eclipse a través de un poema, con una musicalidad, una cadencia y una armonía de palabras tan bellas que pudo hacer que los niños disfrutaran del texto mientras comprendían un fenómeno natural. Si bien es cierto, no todos los autores de literatura infantil escriben para que el niño aprenda, sino para que el niño disfrute; considero que cuando un texto permite que además del disfrute haya un aprendizaje, es un texto completo, es un texto que cambia vidas.

Un docente no puede negarse al placer de la lectura, no puede negarse a viajar, a conocer otros mundos y no puede negárselo a sus estudiantes. Si el docente se niega, yo puedo asegurar que para el niño habría un engaño, un fraude; exactamente el mismo fraude que experimentaríamos si llegamos a tomar un vuelo a Europa y el piloto nos dice que hagamos una hilera para tomar una lancha porque él no se preparó bien para el vuelo, porque no le gustan las alturas, porque prefiere tomar otro medio que puede resultar más largo, más tedioso, más incómodo; cuando para todos los pasajeros es claramente visible que el vuelo sería lo más fácil, sencillo y placentero en esta circunstancia.

Cuando un docente se niega a leer y a motivar a sus estudiantes a través de los textos leídos, les está negando el placer del aprendizaje significativo, se le niega el gozo de la educación; estaría favoreciendo únicamente la retención de contenidos aislados unos de otros. La lectura une, integra, fortalece, da sentido, da bases, da valores, da argumentos, da ortografía, da estructuras da expresión. No le niegue más esta gama de experiencias placenteras a sus estudiantes y no se la niegue a usted mismo.

“Leer lo es todo, la lectura me hace sentir que he logrado algo, que he aprendido algo, que soy mejor persona”. Nora Ephron

 
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1 Comentario

  1. Carlos Fernandez

    Totalmente de acuerdo , cuando uno llega al colegio muchas veces hay lecturas muy difíciles y en muchos casos derrotan esa pasión por la lectora en empatía ,por la misma , amor por la lectura debería nacer y hacer por parte de nosotros los padres para incirsionaf a nuestros hijos en ese bello mundo ! Y me parece muy acertado el comentario de el docente debería amar la lectura muchas felicitaciones por este aporte Sra Lolita ! Y le aplaudo su iniciativa y pasión !!

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