Espantapájaros, un movimiento por la lectura en la primera infancia

 

En Bogotá hay un espantapájaros violeta que no espanta cuervos ni inspira miedo a los niños. Al contrario, él los invita, a ellos y sus familias y cuidadores, a que lean, que jueguen, que se diviertan y afiancen sus vínculos afectivos. Él es la imagen de la librería y Centro de Desarrollo Infantil Espantapájaros, una especie de homenaje a personajes esenciales de la literatura como el amigo de paja que acompaña a Dorothy en El maravilloso mago de Oz.

Espantapájaros comenzó en 1988 con las hermanas Carmiña López, Cristina López y la autora Irene Vasco. Apostándole a la literatura infantil y a un público invisible en las políticas públicas, leyes y proyectos, descubrieron que a los niños sí les interesaba leer más allá de la escuela.

“La lectura e incluso la literatura para niños estaba relacionada con los libros que había que leer para el colegio, con la escolarización. Incluso las primeras colecciones de literatura infantil como Torre de papel, de editorial Norma, o el libro para bebés que hizo Tope tope tum no circulaban mucho entre la población de primera infancia. La idea de la lectura estaba muy relacionada con una concepción alfabética de la lectura: se lee en la escuela. Y los bebés, estos niños inquietos e “iletrados” no estaban pensados para estar en las bibliotecas”, dice Yolanda Reyes.

Mientras la librería daba sus primeros pasos, su directora actual, Yolanda Reyes, se dedicaba a coordinar la Fundación Rafael Pombo, creada en 1983 por el entonces presidente de la República Belisario Betancur. Con una idea de infancia que no contaba a los niños menores de seis años Yolanda empezó a descubrir todo un mundo de posibilidades en esos chiquitines:

“Cuando descubrí cómo leían esos niños que no iban a la escuela pensé que ahí había todo un trabajo por hacer; el deseo por leer estaba amarrado a ese desciframiento inicial que para ellos era muy evidente y que para los mayores ya estaba contaminado por la escuela”, cuenta Yolanda emocionada con su tono de voz, con el que parece susurrar cuentos.

La constitución política de 1991 consagró la prevalencia de los derechos de los niños y por primera vez se habló de garantizar sus derechos; en la última década se empezó a hablar sobre lo que podía suceder antes del ingreso a la escolaridad formal. Yolanda, entonces, comenzó a preguntarse cuándo nos hacemos lectores. Se unió al equipo de Espantapájaros en 1990 para diseñar los programas de formación de lectores de niños y adultos, y se encontró con que los niños que no habían experimentado un acercamiento gozoso a los libros –lo que ella llama un “baño de palabras”–, tenían una brecha grande comparado con los que sí habían tenido ese acercamiento a la lengua del relato: el contacto con el lenguaje oral, la lengua que canta, que suena, la lengua que juega e inventa mundos posibles.

“Fue un descubrimiento que se volvió un problema académico. Quise investigar qué pasaba y coincidió con un nuevo movimiento en el que algunas investigaciones de economía señalaban el impacto que tenía en políticas públicas invertir en primera infancia. Lo anterior acompañado del paradigma y de los cambios de pensar a los niños como sujetos de derechos”, cuenta Yolanda.

En medio de todos estos descubrimientos Espantapájaros publicó una revista en la que escribían sobre el impacto de la lectura en en los niños. En 1991 se dieron cuenta de la necesidad de crear un centro de desarrollo infantil; éste empezó como un pequeño taller de exploración con pocos niños y fue creciendo hasta que a finales de los noventa decidieron unir el jardín y la librería en su ubicación actual: carrera 19 A # 104 A – 60.

Los estantes actuales de la librería están divididos por curiosos títulos como “Cuentos en pañales”, “Hora de dormir”, “Cómo me siento”, “Libros que cantan”, “Libros para ver y crear”, “Libros de siempre” y “De dónde vengo”, entre otros. Especial atención se le ha concedido a un estante central donde un papel mordisqueado anuncia la característica de los libros que reúne: “Los libros más mordidos”, que nace del seguimiento y acompañamiento permanente a los niños del centro de desarrollo infantil –que llevan los libros a sus casas desde que tienen ocho meses:

“Cuando compras los libros más mordidos apoyas el derecho de los bebés a leer con todos los sentidos”, dice Yolanda sonriente.

Hoy la librería especializada en primera infancia, Espantapájaros, brinda asesoría a padres, maestros y bibliotecarios sobre animación a la lectura, literatura infantil y dotación de bibliotecas y, además, todos los sábados, a las 11 de la mañana, hay hora del cuento y las familias se toman la librería para compartir con sus hijos y los amigos de sus hijos los libros favoritos de su casa.

 

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