No somos angelitos, un libro sobre el síndrome de Down y sus lugares “no comunes”

No somos angelitos es la historia de un niño con un cromosoma de más que llega a un nuevo hogar. Allí recibe cumplidos de los familiares, amigos, conocidos y extraños: “¡Es un sol!”, “¡Es un tesoro!”, “¡Maravilloso!”, dicen una y otra vez: “¡¡Es un angelito!!”. ¿Angelito? Esta es la pregunta que se hace Gustavo Ariel RosemffetGusti–, autor e ilustrador argentino, en su más reciente libro.

No somos angelitos es una historia que rebate los estereotipos y las formas con que las personas se refieren a los niños con síndrome de Down. Apoyándose en el humor, Gusti va revelando la complejidad de un niño que a ratos es muy cariñoso y en otros momentos es furioso, feliz, o irritable: no como un angelito, sino, más bien, como cualquier niño.

Con su sencillez y espontaneidad Gusti habló para MaguaRED, en exclusiva. Con esta entrevista apoyamos la conmemoración del Día Mundial del Síndrome de Down.

 

¿Cómo nació No somos angelitos?

Empecé a hacer unos dibujos en broma, en libretas, cada vez que Malko hacía una de las suyas, unas travesuras muy heavy metal, las iba dibujando y apuntando. Hace unos años me llegó un catálogo de una asociación de síndrome de Down y muy bonito todo: ¡fotos preciosas! Lleno de ese aura alrededor de los chicos con síndrome de Down, “que son angelitos”, “que son un diseño perfecto”, todos esos adjetivos que dicen de todo corazón, pero que para mí son etiquetas que no son auténticas.

Me sigue pasando con Malko que en la calle me miran con esa cara, con ojos compasivos. Y si el niño va y abraza a alguien en el autobús dicen “qué niño más increíble”, pero así como no tienen el filtro para darte un abrazo, no lo tiene para hacer tonterías como todos los niños.

Entonces, como a mí me gusta poner el dedo donde molesta un poco, quise hacer algo con las travesuras de Malko que venía dibujando; de ahí nació la idea de hacer el libro. Fue un proceso de un par de años en el que le di varias vueltas a la historia, pero el dibujo, la síntesis del personaje, un niño con síndrome de Down, que no es fácil de dibujar, lo conseguí con esa especie de “mamarracho”, que para mí representa lo que son estos niños.

Hay muchas formas de tratar la inclusión, hay líneas que optan por el “todos somos iguales”, otras se van por el “todos somos diferentes”. ¿En dónde se ubica el libro?

Al final, aunque quería hacer un libro más salvaje e incisivo, se suavizó. El libro tiene bastante humor, pero el mensaje está claro: el estereotipo es una forma de discriminación, es discriminación positiva si así se quiere, pero no deja de ser discriminación.

Si estamos trabajando el tema de inclusión hay que decir las cosas como son, no siempre llevarlo a un terreno bonito y bien presentado, hay que decir las cosas bien, para mejorar. A nadie le gustan las etiquetas. De alguna forma, así, divertida, podés sacar el tema y poner a reflexionar a la gente con algo que no es tan evidente.

¿Cómo se creó esta idea de que los niños con síndrome de Down son seres angelicales, perfectos?

Hace más de 50 años cuando nacía una persona con síndrome de Down para la familia era una carga muy pesada, los encerraban para que no los vieran, eran los tontos del pueblo. Las instituciones crearon una especie de paternalismo acompañado de la idea de que ellos no podían valerse solos, de ahí viene eso. Ahora por suerte las cosas han cambiado. Ya estamos en otra época, hemos avanzado muchísimo, pero ahora nos pasamos hacia el otro lado: ahora, de golpe, un chico con síndrome de Down que por los motivos que sean, por su estimulación, sale con un gran talento, enseguida dicen “persona con síndrome de Down resalta” y ese punto tampoco me parece bueno, condiciona. Muchas personas piensan que si los llevas a hacer de todo el niño va a salir un genio y me parece que es un error. Ellos no dejan de tener síndrome de Down. Todos jugamos al fútbol, pero Messi hay uno solo. Los genios son casos aislados que no representan al colectivo. El colectivo es lo que es.

El libro habla de las aventuras de este niño, pero las preguntas que surgen de la lectura son sobre la condición humana. ¿No somos angelitos es un libro sobre la condición humana?

En realidad lo que busca el libro es cambiar un poco la mirada. En el fondo no es más que eso, es ver que tenés una persona, punto, con la condición que tenga. Cuando aparece una persona con síndrome de Down en una clase, esa clase se enriquece de esa relación y a su vez sus padres; se van creando fractales que se van ampliando de pequeños grupos de la sociedad. Lo noto cuando me encuentro con niños que nunca tuvieron contacto con niños con síndrome de Down o sus familiares, ellos reaccionan con la forma cómo los miran, le tienen un poco de miedo a lo diferente, no saben bien qué hacer o no hacer. Diferente a los padres que han tenido contacto o a lo niños que tuvieron contacto, para ellos es bastante normal, les pueden gustar o no. A veces no son angelitos, a veces les hacen cosas al otro, a un compañero y no les gusta y se pelean y eso está bueno porque cuando sean más grandes es lo que les va a pasar en la sociedad. Habrá gente que los va a aceptar, gente que los van a mirar raro, gente que no los va a aceptar y eso pasa con personas de todas las condiciones: con un inmigrante, con los negros, gordos, flacos… Es un tema de identidad.

No somos angelitos fue editado por OCÉANO y ya se encuentra en librerías del país.

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