“El peor camino para intentar que un niño lea es aconsejarle que lo haga”: Horacio Benavides

Horacio Benavides es oriundo del municipio de Bolívar, en el Cauca. Actualmente reside en Cali.

Horacio Benavides es oriundo del municipio de Bolívar, en el Cauca. Actualmente reside en Cali.

Un día, una mujer que vivía sola en su casa en el campo, salió a dar un paseo. Estando en el camino escuchó que un niño lloraba, allá en el monte, y pensó: “¿Por qué llora un niño por aquí?, ¿quién lo pudo haber abandonado?”, entonces la mujer se metió al monte siguiendo el llanto del niño. Cuando llegó hasta él se dio cuenta de que era un niño de brazos que se encontraba desnudo y acostado en el suelo. “Tengo que hacer algo por este niño, no puedo dejarlo aquí” – pensó la mujer – y se quitó su pañolón para envolverlo. Lo recogió, lo cargó entre sus brazos y salió al camino para regresar a su casa. Ella, que no tenía hijos, miraba feliz a ese niño tan bonito de cachetes rosados. Cuando se estaban acercando a la casa la mujer miró de nuevo al niño, él le sonrió ampliamente mostrándole un par de colmillos y le dijo: “Mamá, tengo melas” – porque no podía decir “muelas” – La señora se asustó tanto que tiró al niño a un lado y salió corriendo hacia su casa.

Este cuento, similar a la leyenda del Tunjo presente en los departamentos de Tolima, Huila y  Santander, fue la primera narración de miedo que Horacio Benavides, autor del libro de Ábrete grano pequeño (2014), escuchó de su madre Fidelina Zúñiga cuando tenía 4 años. Ella le contaba este tipo de historias y a él le gustaban tanto que le pedía que las repitiera muchas veces.

«Yo creo que si nos olvidamos un poco de enseñar y nos dedicamos más a mostrar algo que nos alegra y que nos llena de entusiasmo porque es una elaboración preciosa, le vamos a ayudar mucho al niño a llegar a los textos»: Horacio Benavides.

La biblia era el otro libro del cual su madre extraía fragmentos para narrarle. Él recuerda con admiración cómo ella lo hacía, no para enseñarle algo ni para asustarlo, sino por la simple alegría de contar. “Que esto sucediera en los años 50 me parece un milagro porque es muy distinto que ahora una persona, un maestro o un bibliotecario les cuente a los niños y sepa que eso es importante, pero una mujer en esos tiempos y con poca escolaridad… eso es como un milagro”, expresa el poeta caucano nacido en el municipio de Bolívar.

Los genes de este escritor, por parte de su abuelo paterno, traen consigo una tradición indígena que, según el poeta, configuran su mundo interior: “El indio es silencioso y guarda mucho por dentro. Tengo de ellos la aceptación de la vida, del dolor, de la muerte, y ciertas habilidades artísticas, sobre todo en lo plástico y lo manual”.

Cuando Horacio Benavides era adolescente, él y su familia dejaron atrás el municipio de Bolívar, corredor de precolombinos, conquistadores y próceres de la independencia, para iniciar una nueva vida en Cali. Allí fue profesor de educación básica primaria y educación media, y empezó a labrar su camino en la literatura del cual han brotado los libros de poemas: Orígenes (1979), Las cosas perdidas (1986), Agua de la Orilla (1989), Sombra de Agua (1994), La aldea desvelada (1998), Sin razón florecer (2001), Todo lugar para el desencuentro (2005), De una a otra montaña (2008) y la antología La serena hierba (2011) con la que ganó el Premio Nacional de Literatura 2013 que otorga el Ministerio de Cultura.

La adivinanza, muy cerca de la poesía

Este libro es el el tomo 9 de la colección Leer es mi cuento y está dirigido especialmente a la primera infancia.

Este libro es el el tomo 9 de la colección Leer es mi cuento y está dirigido especialmente a la primera infancia.

De aquellos años de docencia, y sin haberlo planeado demasiado, surgió su interés por construir adivinanzas como las que muchos años atrás había escuchado de los campesinos de su pueblo natal: “Yo trabajaba con niños y veíamos cuentos y mitología, y para darme cuenta de si ellos podían recoger el texto, si lo habían entendido en el sentido de haber captado la historia, hacía adivinanzas rápidas y silvestres, y notaba que a los niños les llamaba profundamente la atención eso de romper lo que uno siempre hace como maestro. Un día me propuse escribir algunas adivinanzas y resultó, como un regalo, mi primer libro Agua pasó por aquí. Fue en una cosa muy bonita porque lo hice en un tiempo breve. Por lo general con mis libros de poesía me demoro tres o cuatro años, pero este surgió y en él trabajé 7 días y al séptimo descansé”.

Muchas de las adivinanzas que Horacio Benavides construye están relacionadas con mitologías o con historias antiguas. También busca crearlas con musicalidad, ritmo y profundidad.  Y aunque sabe que muchas de ellas no serán rápidamente descifradas por los niños, le interesa también que los adultos los acompañen y les den las pistas que necesiten, como en el caso de la adivinanza “Ábrete grano pequeño, que del oro y la plata quiero ser el dueño. Ábrete… ¿Qué? Ayúdame que lo olvidé”.

“Hay algo que fue más o menos popular en nuestro país y era el conocimiento de Alí Babá y los 40 ladrones. ‘Ábrete sésamo’ era el conjuro para entrar en la cueva donde los ladrones tenían el oro y la plata. Un niño en este momento no tiene esa referencia pero pensemos que es necesario que la vuelva a tener, que un maestro o un bibliotecario le muestre de dónde viene eso, y si la adivinanza lleva a leer ese hermoso cuento de Las mil y una noches pienso que es maravilloso porque se amplía la mente de la gente”, expresa el poeta.

El libro Ábrete grano pequeño (2015) es una recopilación de sus mejores adivinanzas, presentes en su primer libro y en Tapiz al revés ¿Dime quién es? (2014), su segunda obra para niños. Horacio Benavides se imagina cómo le gustaría que fuera usado este libro: “Pienso que es un libro para todos, no solamente para los niños, y me alegraría que lo abuelos tuvieran contacto con él. Lo sueño siendo leído por los niños en la escuela y en la biblioteca, que quien les presente las adivinanzas sea la maestra o el bibliotecario, y los veo también a ellos tomándolo de forma muy independiente, por decisión propia, y reunidos en grupo, unos leyendo y otros adivinando. Sueño que cualquier persona pueda leerlo o acceder a él y como tendrá una distribución amplia, pienso que este sueño se puede cumplir”.

Los niños y la lectura

Página del libro Ábrete grano pequeño. Ilustraciones de Olga Lucía García.

Página del libro Ábrete grano pequeño. Ilustraciones de Olga Lucía García.

En Cali, este autor de poemas y adivinanzas, tiene un taller de lectura y escritura para niños. Allí se dedica a enamorar de la lectura a aquellos que no la disfrutan, su manera de hacerlo es, según sus palabras, poniéndolos en contacto con los textos: “Ese poner en contacto puede ser narrarlo, leerlo en voz alta bien leído y comentarlo con el niño. Yo creo que si nos olvidamos un poco de enseñar y nos dedicamos más a mostrar algo que nos alegra y que nos llena de entusiasmo porque es una elaboración preciosa, le vamos a ayudar mucho al niño a llegar a los textos”.

El poeta caucano admite haber traicionado un poco su filosofía de “no enseñar” al escribir la Guía provisional para escribir una adivinanza, sin embargo aclara que es provisional porque puede ser transformada: “Si alguien la quiere aplicar, magnífico, si alguien la quiere modificar, mejor, y si alguien escribe otra guía, aún mejor, estamos para tratar de construir conocimiento”.

Horacio Benavides y su esposa María del Socorro tiene dos hijos: Pablo y Eliseo. Desde pequeños el poeta les contaba y les leía cuentos. Cuando el mayor tuvo 6 años hizo el experimento de leerle la Ilíada y la Odisea, un capítulo cada noche, y un día cualquiera le propuso conversar acerca de los personajes de la historia, el niño respondía con naturalidad, tenía una memoria muy fresca de la narración y sabía más de los personajes que el mismo Horacio: “Me pareció sorprendente y no fue porque el niño tuviera un talento especial. Todos tenemos esa habilidad, lo que pasa es que a veces despreciamos a los niños. Sería bueno hacer una experiencia con niños de 6 años y leerles este libro de la mejor manera posible, porque eso es clave, primero querer un texto, saber que es bueno y luego leerlo muy bien porque quien lee muy bien, encanta. Esa experiencia fue muy bonita y me imagino que por allá en su memoria debe estar guardada, y de algo les servirá en este momento, en que ya son adultos”.

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4 Comentarios

  1. Me parece estupendo, intentaré de hecho con mis hermanitos «Ábrete grano pequeño»

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    • ¡Ese libro les encanta, Laura! Las adivinanzas le gustan mucho a los niños por plantearse como juegos. ¡Cuéntanos cómo les fue! 🙂

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  2. La experiencia de lectura jamas puede ser enseñada en el sentido tradicional; es más un compartir de la ilusión escrita, y debe lograrse en la infancia para que quede aprehendida en la consciencia, en lo habitual.

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    • Eso opina también Horacio Benavides, Diego 🙂
      Gracias por escribirnos y participar. Cada interacción nos ayuda a crecer para llegar a más adultos y niños.
      ¡Esperamos que puedas compartirlo con tus amigos!

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