¿Qué es la modalidad de educación propia e intercultural para primera infancia?

 

A raíz del reconocimiento, valoración y celebración de las distintas manifestaciones de la diversidad, en especial la diversidad cultural, la Estrategia De Cero a Siempre –hoy política de Estado– se propuso desarrollar la Modalidad de Educación Inicial Propia e intercultural para los niños de comunidades étnicas en primera infancia; una modalidad de educación que pretende fortalecer la identidad cultural como parte del desarrollo individual de los niños y fortalecer el derecho colectivo que tienen al pertenecer a un pueblo o comunidad.

 

Fotos de: @FOTOMILTON

 

Entre el 2012 y 2014 inició este reconocimiento, valoración y celebración de las prácticas de cuidado y crianza desde lo cultural con una investigación (apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo) con cuatro comunidades: con los afro, en el Magdalena; con el pueblo Sikuani, en Cumaribo, Vichada; con el pueblo Pijao, en el Tolima; y con el pueblo Embera, en Risaralda. Este proceso, según María Cristina Escobar, de la Consejería Presidencial de Primera Infancia para la Política De Cero a Siempre, se desarrolló bajo el liderazgo de la misma comunidad.

A partir de este ejercicio se acompañaron 14 comunidades étnicas más en la construcción de sus rutas integrales de atención, y se identificó la necesidad de fortalecer los procesos de educación inicial desde lo propio e intercultural.

En 2013, a partir de estas aproximaciones, se consolidó la denominada Mesa de enfoque diferencial, de la Comisión Intersectorial de Primera Infancia (CIPI), que hoy en día se conoce como el Grupo de Trabajo de Diversidad, y que es una instancia nacional de acompañamiento y orientación técnica a los procesos de educación con comunidades étnicas, entre otras actividades.

Además, a partir de la concertación del gobierno nacional con las comunidades, en lo que tiene que ver con los sistemas propios de salud y de educación, se propuso en el Plan Nacional de Desarrollo (2014 – 2018) la generación de acciones para atender los compromisos del Decreto 1953 de 2014, en especial lo relacionado con el Sistema Educativo Indígena Propio –para que los territorios indígenas se puedan certificar o habilitar para administrar sus procesos, según sea el caso.

 

 

Este vuelco en la comprensión de las prácticas culturales y de la educación propia de los pueblos y comunidades étnicas fue innovador desde el punto de vista político y diferencial porque iba en contraposición a la acción con daño, discriminación y estigmatización étnica que sufrieron los pueblos ante las políticas homogenizantes del pasado. La modalidad propia se concibió desde las voces y prácticas de las mismas comunidades que empezaron a resaltar la diversidad cultural en los momentos de desarrollo de la primera infancia.

Un ejemplo de esto es el reconocimiento de estas prácticas culturales como la de la mujer Sikuani, que hacia los seis a siete meses de gestación alista sus alimentos y prepara casabe y mañoco para evitar trabajar cuando el bebé nace y prepara harina de cocuma para el tetero del bebé; o como el reconocimiento de las prácticas culturales de los Embera-Chamí, que se reconocen como los hijos del árbol del Genené, o árbol del agua, y que a partir de allí cada uno de los miembros de las comunidades indígenas Emberá tienen un origen con una tradición y una cultura particular, dependiendo del lugar donde habita para proponer las propuestas de educación inicial en estos contextos con las comunidades.

 

 

A finales de 2016 se produjo una emergencia humanitaria en La Guajira y el ICBF decidió, bajo esa coyuntura, poner en práctica el trabajo desarrollado desde la comprensión y el saber de los pueblos: el Instituto de Bienestar Familiar desarrolló un piloto con 2.990 niños de ese territorio y realizó, a la par, un proceso similar con cerca de 450 niños del pueblo Jiw y Nukak, en el Guaviare.

Teniendo en cuenta esta experiencia, en 2017, El ICBF implementa la Modalidad Propia e intercultural de Educación inicial con las comunidades indígenas Misak de Piscitao y Guambia, en el Cauca; también con los Kamëntsá, en Sibundoy, Putumayo; con los Zenú, en Córdoba y Sucre; con los Emberá-Chamí, en Chocó; con los Jiw, Nukak y Sikuani, en Guaviare; con los Arhuacos, en César; con los Wacoyo, Sikuani y Achagua, en Meta; y con los Wayuu, 
en La Guajira. También lo hizo con comunidades afrocolombianas de Nuquí y Tadó, en Chocó; y en Barú, Islas del Rosario e Islote, en Bolívar. En total se atendieron a 58.217 niños.

Para el 2108 se cuenta con 19 departamentos con esta Modalidad y cerca de 82.000 niños y niñas atendidos bajo este esquema de atención.

 

El valor de la diversidad

La modalidad propia, como afirma María Cristina Escobar, es una oportunidad de fortalecer la identidad cultural de los pueblos y “poner en crisis”, de alguna forma, la institucionalidad y sus prácticas de gobierno: es un ejercicio de escucha y diálogo permanente con las comunidades, entendiendo su autonomía, prácticas y saberes ancestrales.

“Nos dimos cuenta que la Política Pública de primera infancia, De Cero a Siempre, estaba concebida desde la premisa que dice que en el centro están los niños, pero de manera individual, y niño a niño hay que hacer seguimiento a la ruta de atención y a la articulación con todas las entidades, incluyendo salud. Hemos tenido que revisar técnica y operativamente los procesos, poner en diálogo la mirada del desarrollo individual con el desarrollo colectivo –para el caso de las comunidades étnicas–, entendiendo que para las comunidades los niños representan la pervivencia cultural”, afirma Julian Mosquera, de la mesa de diversidad de la CIPI.

“La primera infancia es un momento de la vida en la que los niños se deben desarrollar en contextos de reconocimiento. No todos tienen las mismas características físicas, sociales o culturales, y entender esto, en un proceso de construcción de paz y a partir de las distintas interacciones y comprensiones de lo que significa ser indígena o afro, y lo que significa no ser ni indígena ni afro, ayuda a que existan ciudadanos y sujetos políticos diversos. Es una apuesta política que reivindica, recupera y revitaliza una política social más humana”, concluye María Cristina Escobar.

 

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