El carnaval de los animales, música del siglo diecinueve para los niños del presente

En 1886, durante un veraneo en Austria, uno de los más famosos compositores de Francia creó, para divertirse un poco en un día de carnaval, una pieza musical de 14 movimientos en que los instrumentos evocan los sonidos de animales como leones, cisnes, tortugas y elefantes. Una obra de cerca de media hora de duración, que incluye parodias de la música que se escuchaba a finales del siglo diecinueve y que, por orden de su creador, sólo pudo ser interpretada para grandes públicos después de su muerte.

Más de un siglo después de haber sido escuchados en el mundo por primera vez, estos animales siguen sonando en el mundo entero y la Orquesta Sinfónica de Colombia interpretó esta suite para dos pianos y orquesta en 2017 como parte de la programación de sus conciertos familiares, en los que los niños pueden empezar a familiarizarse con la música desde muy temprana edad.

Esto dijeron el director, los niños del público y sus padres sobre la interpretación del carnaval de los animales en Bogotá en 2017.

Los conciertos que dirigió Juan Pablo Valencia en el auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, se salieron de la norma: exclamaciones, risas, preguntas en voz alta y hasta gritos de emoción fueron permitidos durante la interpretación de esta obra de Camille Saint Saëns, que siempre estuvo fuera de los parámetros de la música académica.

Fue escrita para una combinación muy poco común de instrumentos: flauta, clarinete, xilófono, armónica de cristal, viola, violonchelo, contrabajo, dos violines y dos pianos y, con el fin de divertir a las pequeñas audiencias privadas que pudieron escucharla mientras vivió Saint Saëns, contiene música que fue hábilmente descontextualizada -suena a otras velocidades, se interpreta con instrumentos inesperados, se asocia con personajes opuestos a la intención que tuvieron sus compositores-.

Pequeños chistes que debieron resultar muy graciosos en su época: los pianistas son sutilmente comparados con los asnos del Tíbet -muy famosos por correr como locos-, la música de can-can -esa misma que hoy asociamos con faldas levantadas y que en ese momento era muy escandalosa-, es lentísima y lleva el nombre de las tortugas, los elefantes suenan como una versión distorsionada de una famosa danza de espíritus de los aires y en el décimosegundo movimiento, el compositor se burla de sí mismo, fosilizando la Danza macabra, una de sus composiciones más populares.

El Carnaval de los animales sigue siendo considerada una de las obras más adecuadas para acercar a los niños al sonido de la música académica y todos están muy invitados a disfrutarla en familia haciendo click aquí.

 
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