La guardiana de la memoria, un perfil de Irene Vasco

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Irene Vasco me abre las puertas de su casa como quien espera a una vieja amiga, me da un gran abrazo y me cuenta que está disfrutando de sus nietos, quienes se encuentran en un piso más arriba, le digo que quiero hablar de su vida, de su infancia y de su pasión por los libros. Sonríe y me muestra un libro hecho a la medida que está justo en el centro de la mesa, en medio de las dos, es un álbum cuyas páginas están cubiertas por fotos en blanco y negro con los bordes decorados. Una presencia comienza a resaltar en sus páginas y en los primeros años de vida de Irene, Sylvia Moscovitz, su madre, una reconocida cantante lírica y artista brasileña, quien llegó a Colombia enamorada de Gustavo Vasco, quien más adelante se reconocería como el fundador de la revista Mito.

Album de Irene

En 1952, nació Irene y dos años más tarde llegaría la televisión al país, Sylvia fue invitada a presentar programas concurso, recitales, obras de teatro y fue pionera de la televisión infantil donde combinaba la literatura, lo lúdico y la música como en Rondas y Canciones en 1964, en la ópera para niños La princesa y la arveja, Bastián y Bastiana para los más pequeños, El taller del búho, Caracolito mágico y La abuela Zaza.

Sin embargo, los programas de Sylvia no duraron mucho al aire, sus críticos la acusaban de hacer televisión para niños intelectuales, a lo que ella respondía que eso era desmeritar a los niños, decir que no entendían nada, ni podían gustar de la música clásica. En un país que en su opinión no pensaba en los niños a la hora de hacer televisión infantil, como cuenta Irene.

Cuando Irene era una niña, su mundo transcurría en esos estudios de grabación, le huía a las clases y lecciones del Liceo Francés donde siempre fue la última del salón. Su educación como ella misma cuenta, fue más bien en casa, en un entorno donde convivía con artistas que visitaban y discutían sobre política nacional, mientras se gestaba algo nuevo.

Sin ser bibliotecaria, Irene tiene todo el espíritu de archivista, guarda, ordena y protege cada memoria, recuerdo y objeto del pasado de su familia y su vida. En sus palabras es la guardiana de la memoria, y gracias a esto, en sus tesoros conserva pedazos de historia del país y del movimiento cultural que se gestó desde su casa. Su tía Dina Moscovitz era directora de teatro y las dos junto con su madre llegaron a mover el arte del país, Dina fue profesora de todos los actores mayores como Miguel Torres o Santiago García.

Eduardo Ramirez Villamizar, Gustavo Zalamea, se paseaban por su casa, tomaban algunos tragos y como muestra de gratitud donaban sus cuadros que hoy reposan y se exhiben en un ambiente más familiar en la casa de Irene.

Mi papá y Jorge Gaitán Durán, eran íntimos amigos, vivieron en París, se casaron con las dos hermanas, Dina y mi mamá e incluso llegaron a vivir juntos en Bogotá, donde nació la revista Mito que todavía tiene mucha fuerza

Irene busca una foto de cuando su papá, mamá y Fanny Mikey  junto con Enrique Buenaventura, crearon el primer festival de teatro en Cali, mientras me cuenta que ella realmente quería ser cantante, solo que era incapaz de poner una nota en su lugar, “Soy completamente arrítmica, en el colegio estaba en el coro y la profesora, jugaba a localizarme y encontraba al grillo, que era yo“. El talento de Sylvia se traspasó una generación para alojarse en la voz de María del Sol Peralta, hija de Irene, quien también es escritora y fundadora de la agrupación infantil CantaClaro.

Pese a su incomodidad con la escuela, Irene siempre amó los libros, tiene el recuerdo de estar hojeándolos como solía hacerlo y darse cuenta que ya estaba leyendo, así naturalmente y sin una escuela detrás exigiendo que leyera, ella se acercó a los libros. En una época donde no había muchas bibliotecas públicas, esta escritora a muy corta edad visitaba frecuentemente la sala de lectura Infantil Rafael Pombo, que quedaba a unas cuadras de su casa y muy cerca de la televisora, donde trabajaba su mamá, hoy la Biblioteca Nacional, y se quedaba leyendo. No se hablaba de promoción de lectura, ni de la importancia de que los niños se acercaran a los libros desde pequeños, pero todo esto lo vivió.

Mi casa era un mundo maravilloso, siempre había algo creándose ahí y tenía muchos libros, primero porque mi papá y mi mamá siempre me regalaban y también porque en los programas que hacía mi mamá, se regalaban libros y estos hacían una parada en la sala de mi casa durante algunas semanas y yo los leía con cuidadito

Su mamá le pedía durante su infancia y adolescencia que le ayudara a escribir cuentos, poemas y canciones, así como a personificar personajes para la Radio Nacional, donde interpretó la voz del Niño en el astro de Oscar Wilde.

Entre los libros de infancia que aún recuerda y conserva, se encuentran Genoveva de Brabante, varios títulos de Julio Verne, los clásicos de Hans Christian Andersen, Robin Hood la novela que le encantaba y con la que jugaba a imaginar que era Robin, Lady Marian, el Cura y en general a sentirse como todos los personajes, entre muchos otros que fue compartiendo de generación en generación, comenzando por sus tres hijos María del Sol, Rafael y Santiago.

La promoción de lectura llegó a su vida, después de varios semestres de maternidad y al regresar de Venezuela después de vivir 10 años en ese país donde nació Maria del Sol y crecieron Rafael y Santiago.  Estando en Colombia le hablaron de un señor brasileño que necesitaba ayuda para corregir textos, él era Gian Calvi, un ilustrador italiano radicado en Brasil, muy reconocido que junto a su esposa estaban en Colombia y fueron introduciendo a Irene al mundo profesional de los libros. Gian fue el maestro de la generación de ilustradores en Latinoamérica como Esperanza Vallejo, Olga Cuéllar Serrano, Alekos, entre otros.

Irene conserva la mayoría de los libros que acompañaron su infancia y adolescencia

Este ilustrador, fue quien animó a Irene a escribir y de nuevo por uno de esos favores que le pedía su mamá, comenzó a traducir del portugués al español a grandes autores como Manuel Da Fonseca.

Margarita Valencia, hija del editor Carlos Valencia, quien había sido su amiga desde que eran unas niñas, le propuso publicar sus libros, tras unos manuscritos que Irene le había compartido. “Ella fue capaz de publicarnos a los que nunca habíamos publicado, comenzó a hacer colecciones infantiles cuidando textos, diseño, ilustración, en un momento en el que nada de esto era importante“.

Margarita Valencia comenzó publicando a Jairo Aníbal niño quien acababa de ganar el premio Enka, especializado en literatura infantil, en 1977 e hizo los primeros premios Enka con Jairo Anibal Niño, Leopoldo Berdella de la Espriella, Triunfo Arciniegas y empezó a publicar comercialmente y oficialmente la colección de Carlos Valencia que se convirtió en la primera editorial de Irene y de muchos que por ese entonces comenzaron a apostarle a la literatura infantil.

Don salomón y su peluquera fue oficialmente el primer libro de Irene, ilustrado por Pedro Ruíz y editado por Carlos Valencia Editores, que también publicaría su primera novela Paso a paso.

En 1988 Irene abrió la Librería Espantapájaros en compañía de otras socias y empezó a hacer talleres a todos los maestros y visitantes que se acercaban a buscar libros e informalmente los guiaba con ciertas recomendaciones, hasta que alguien le pidió que lo reemplazara formalmente para dar un taller y así la comenzaron a llamar e inició su travesía llevando su pasión por los libros por todo el país.

Hoy Irene Vasco ha escrito una treintena de libros y aunque su primera publicación fue una narración fantástica se siente más identificada escribiendo historias con personajes reales, como los de Paso a Paso, Pedro Nel Gómez , mitos, minas y montañas, La casa donde vive el arte o Mambrú perdió la guerra. “La literatura infantil cuenta la vida como cualquier literatura, a veces son los conflictos menos dolorosos o que se pueden tratar con mucho humor, pero sin conflicto no hay historia, a todos nos ha tocado la violencia, es parte de nuestra naturaleza“ me dice mientras baja a saludar a uno de sus nietos que ya la supera en estatura y como va llegando la hora de almorzar me despido de esta autora de literatura infantil y juvenil que cultivó el amor por la lectura transmitiendola a sus hijos y ahora nietos desde el calor de su hogar donde resguarda sus tesoros más preciados.

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