Las siete caras del maestro de primera infancia

Etiquetas: , , , , , ,

En la última década, la Asociación Nacional para la Educación de los Niños Pequeños (NAEYC)organización profesional que promueve la excelencia en la educación para primera infancia, nos ha llevado a una nueva era de trabajo con la primera infancia. Nos han animado a implementar prácticas apropiadas para el desarrollo, a establecer programas centrados en el niño y a valorar la importancia de lo que hacemos como maestros y cuidadores.

A medida que esta nueva era se desarrolla, debemos prepararnos para nuevos roles y responsabilidades. Para concebir nuevos roles, es esencial que nos liberemos de viejos estereotipos que podrían limitar lo que hacemos con y para los niños. Los conceptos de maestro y cuidador que presentan una imagen de quien está en control, de alguien que dispensa conocimiento y que sirve como figura central en un programa son obsoletos. En verdad, la figura central de cualquier programa debe ser el niño. Por lo tanto, debemos continuamente reexaminar y redefinir lo que hacemos y cómo nos vemos a nosotros mismos.

Los roles identificados aquí no se dan en orden de importancia, ni tampoco la lista incluye todo. Si algo he aprendido en el último cuarto de siglo, es que cada individuo debe decidir qué papeles aceptar y qué papeles rechazar.

Comunicador

Todos somos seres inherentemente sociales. Buscamos el contacto con otros y junto con este contacto viene el intercambio de pensamientos e ideas. El papel del comunicador es probablemente el menos desarrollado en nuestra profesión. Debido a las limitaciones de tiempo, a menudo nos dedicamos “sólo a hacer el trabajo” y rara vez tenemos la oportunidad de sostener conversaciones profesionales producto del aislamiento. Tenemos que hacer un esfuerzo para hablar unos con otros sobre una base regular. Además de hablar, tenemos que escuchar. La escucha debe comprender la mitad del proceso de comunicación, pero siempre parece ser menor. Al minimizar el uso de la escucha, enviamos mensajes ocultos a los niños indicando que nuestros pensamientos son más importantes que los suyos.

Facilitador

Como facilitadores del aprendizaje, necesitamos abandonar parte del control que acompaña al papel tradicional de “maestro”. En lugar de ser dispensadores del conocimiento, debemos servir como guías para los niños bajo nuestro cuidado. Por lo tanto, el facilitador está profundamente interesado en el ambiente del aula, cómo se configura y cómo afecta a los niños de manera individual. El papel del facilitador consume mucho tiempo y requiere horas adicionales de planificación y de investigación para buscar la información más reciente sobre los niños y el aprendizaje y para reflexionar sobre cómo la teoría educativa se relaciona con nuestros programas particulares.

Entrenador

Como entrenadores, funcionamos como alentadores que hacen sugerencias, proveen opciones y observan la actividad de la clase. Los estudiantes vienen a nosotros cuando se requiere más o nueva información, y nos hacemos responsables de desarrollar un sentido de comunidad y cooperación, a la vez que sacamos lo mejor de cada jugador.

Modelo

Este rol puede ser el más significativo que emprendemos. Mi madre solía decirme: “Haz lo que digo, no lo que hago”. Nunca me pareció importante comprender por qué debía hacer algo. Yo siempre lo hice (la mayoría de las veces). Los niños de hoy raramente aceptan algo como un hecho. Debido a la multitud de experiencias a las que están expuestos desde una edad temprana, parecen ser más sofisticados, más alertas y ciertamente más capaces de cuestionar las prácticas de los adultos. Por lo tanto, es vital que hagamos lo que queremos que hagan. Para modelar el tipo de comportamientos que esperamos de los niños, tendremos que hacernos algunas preguntas difíciles, incluyendo: ¿En qué creo? ¿Cuánto de lo que creo puede y debe transmitirse? E incluso, ¿Tengo prejuicios ocultos?

Guardián del reloj

Cuidamos de nuestras aulas y niños para asegurarnos de que todo está bien y para administrar la cantidad de tiempo que se dedica a ciertas actividades. A lo largo de los años, me convertí en un guardián del tiempo inusualmente rígido. Déjeme desafiarle para que mire cuidadosamente cómo utiliza el tiempo. ¿Quién lo controla? ¿Qué le decimos a los niños al apegarnos de manera estricta a un horario? ¿Les estamos dando el mensaje, incluso a esta temprana edad, de que la calidad del trabajo o la profundidad del pensamiento no es tan importante como terminar el trabajo en un lapso de tiempo prescrito? ¿Estamos diciendo que el proceso de aprendizaje debe dividirse en bloques de tiempo? ¿Realmente disuadimos a algunos niños de escoger ciertas actividades porque saben que no tendrán tiempo para experimentar?

Al observar las aulas, noto que rara vez vemos el paisaje completo.  Tenemos demasiados otros roles. Aunque las cosas pueden verse bien de un vistazo, algo puede estar mal en el interior. Pregúntese: ¿Con qué frecuencia me detengo a reflexionar sobre por qué un niño ha elegido una actividad o cómo llegó a un producto final? En mis últimos años de enseñanza, encontré que la grabación en video de las actividades en el aula me daba una visión enorme de cómo los niños respondían a los materiales y qué eventos precedían a ciertos comportamientos.

Contador de historias

Muchos niños vienen de antecedentes donde las historias familiares no son transmitidas o valoradas. Incluso en hogares donde los niños reciben experiencias de aprendizaje ricas, el tiempo de calidad y la oportunidad de conocer y aprender de los miembros de la familia extensa son limitados. A menudo me pregunto si estamos perdiendo el valor de los recuerdos. Si contar historias es una habilidad que se está perdiendo, tal vez nuestras aulas sean el escenario perfecto para reintroducir ese talento.

Investigador

Los profesionales de la primera infancia están en una posición perfecta para ayudar a ampliar nuestra base de conocimientos sobre la educación de los niños pequeños. Tenemos enormes cantidades de información sobre la forma en que los niños aprenden, pero carecen de conocimiento sobre cómo reaccionan las poblaciones particulares en un entorno específico. Estas cosas no se pueden determinar en ninguna parte excepto en las aulas. El uso de datos de situaciones auténticas ayudará a crear nuevos cuerpos de conocimiento.

Conclusión

Si vamos a liderar el camino educativo del siglo XXI, tendremos que reevaluar lo que sabemos y cómo usamos nuestros conocimientos. No podemos hacerlo solos, pero sí millones de profesionales de la primera infancia elevan sus voces, ciertamente seremos escuchados.

 

*Jill Miels, Ph.D.

Es profesora asistente en el Departamento de Educación Elemental en el Teachers College de la Ball State University en Indiana Estados Unidos. Además de impartir clases de pregrado, participa activamente en organizaciones profesionales y sigue trabajando estrechamente con las escuelas.

Fuente: Early Childhood News. 

 

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

-->
Ir a la barra de herramientas