Cuerpo Sonoro: una experiencia con el pueblo Wounaan

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Pueblo Waunaan
El Censo DANE 2005 reportó 9.066 personas que se reconocen como pertenecientes al pueblo Waunaan. Sus habitantes se concentran en el departamento de Chocó, donde habita el 84,1% de la población. La lengua nativa se denomina Woun Meu, y es perteneciente a la familia lingüística Chocó y representa un factor de identidad étnica y cultural… Como la danza y la música:

 

A orillas del río San Juan, en los límites de los departamentos de Chocó y Valle del Cauca, habitan, dispersos en las riberas, los hijos de Maach Aai o Padre Mayor, quién creó a Ewadam y luego creó varios muñecos de barro que fueron puestos en la playa de Baaur Do Mos, hoy conocida como Baudó, y allí se convirtieron en personas; así se crearon los indígenas Wounaan. Donaldo Ismare Ortiz , moreno, de estatura baja, es uno de los hijos de Maach Aai y el único formador de Cuerpo Sonoro de esta comunidad.

 

Foto cortesía de Donaldo Ismare Ortiz .

 

En 2007 Donaldo tuvo la idea de crear una escuela de danza y música tradicional del pueblo Wounaan, que tenía como objetivo fortalecer la identidad cultural de la comunidad, que se había visto debilitada por el conflicto armado: por la presencia de cultivos ilícitos y de grupos al margen de la ley. Donaldo pretendía potenciar los cantos y los bailes de Ewandam, que son expresiones de ruego –manifestaciones de la religiosidad del pueblo. Así, pues, incentivó a niños y jóvenes a practicar la danza y el canto de la Canoita, el Aguacerito y la Karichipari, que se realizan, principalmente, para liberarse de los males como las enfermedades, la escasez de alimentos, las inundaciones y las plagas.

El paso del guatín (un roedor de la región), el paso del canario, del tigrecito, la mariposa, el hombre guerrero y, entre otros, son los bailes más representativos del pueblo; allí las mujeres participan en un grupo y los hombres en otro y lo que buscan, principalmente, es imitar los movimientos de los animales. Los bailes se hacen al ritmo de la tambora y del phiphan, que es un instrumento similar a una flauta dulce, el cual es tocado principalmente por los mayores.

 

Donaldo ha trabajado más de cinco años como profesor de la Institución Educativa Wounaan David Gregorio, del Resguardo Indígena Docordó Balsalito, donde enseña la lengua materna Woun Meu, las danzas tradicionales de la comunidad, sus creencias y cosmovisión. Precisamente, gracias a esa experiencia y a la recomendación de sus compañeros, se enteró de Cuerpo Sonoro y aplicó al diplomado de formación de artistas. Su liderazgo, su título como técnico en primera infancia, así como su conocimiento de la lengua materna y expresiones artísticas, muy conectadas con la cosmogonía de su pueblo, lo llevaron a hacer parte del diplomado en su región.

En el litoral de San Juan la mitad de la población hace parte de los resguardos Wounaan y la otra mitad de la población afro, lo que provoca que el municipio sea muy intercultural y especial: aquí conviven e interactúan las comprensiones y cosmogonías de cada una de las dos etnias en temas como el nacimiento, crecimiento, desarrollo y muerte… Ellos están unidas por el río que a su vez es la extensión de su territorio y esto hace que compartan la comprensión sobre el agua, el movimiento y sobre todo el alimento que está representado en la pesca cuenta Yohanna Flórez, Coordinadora del Diplomado Cuerpo Sonoro, expresiones artísticas y primera infancia:

 

Construyendo propuestas pedagógicas en las entrañas de Maach Aai:

 

El diplomado de Cuerpo Sonoro se realizó en Docordó, en el casco urbano del Litoral de San Juan –el principal espacio de encuentro entre los Wounaan y los afro: allí hacen sus intercambios de compra y venta, y, aunque los Waunaan hablan español, algunos afros tienen conocimiento de los saludos y palabras en Woun Meu.

El diplomado, como explica Yohanna, está articulado a las comprensiones del territorio de cada una de las comunidades: “Con Cuerpo Sonoro tenemos la ventaja de tener una propuesta metodológica que se fortalece con las comprensiones de cada uno los territorios, y acá en particular hicimos una fusión: con Donaldo y la otra formadora afro –Hermina Mosquera–  construimos las propuestas específicas del diplomado pensando en los referentes culturales y patrimoniales en términos de la danza, la música, y, en general, de la importancia de las expresiones artísticas”.

Para Donaldo, Cuerpo Sonoro no solo aporta al fortalecimiento de la infancia y de su comunidad sino a resaltar la cosmogonía de su cultura y tradición, trazando puentes entre la experiencia del diplomado y la comprensión de sus identidades… Las identidades de los niños:

 

Los niños Waunaan, como cuenta Donaldo, reciben su identidad indígena a través de la palabra, ya que no es una cultura escrita, sino oral. A orillas del río San Juan los niños crecen y lo primero que aprenden es a nadar, luego a labrar y por último a pescar. Las vivencias son transmitidas a través de su lengua y la experiencia de crianza se centra en la libertad y el juego: jugando con la  pelota que ellos inventan con frutos o grafito, o jugando con los muñecos que construyen de trapo o de palo de balso. Los niños Waunaan hasta los dos años se quedan en su casa, pero a partir de los tres las familias los llevan a ver cómo se realizan las tareas diarias, acompañado comúnmente de su hermano mayor. A partir de la observación los niños de la comunidad adquieren los conocimientos de su cultura y tradición.

“Con la experiencia se dan cuenta las familias de cómo se pueden tratar los niños desde el vientre hasta siempre. Cuerpo Sonoro ayuda a esa comprensión del cuidado, protección, juego y libertad que deben tener los niños. Hay padres que tienen a los pequeños en su casa sin juguetes. Ellos tienen su espacio, pero no tienen la libertad tan grande que tenemos nosotros en el territorio. Cuerpo Sonoro nos está aportando desde ahí y está fortaleciendo el pueblo Waunaan”, cuenta Donaldo.  

“Estamos fortaleciendo la comprensión de las distintos materiales que se han creado desde la Estrategia de Cultura y Primera Infancia, como el uso de Maguaré y MaguaRED, el disfrute de la Audioteca; agua, viento y verdor, así como el disfrute de libros como como Sopas de soles, Tiki tiki tai, y Patas de armadillo, dientes de ratón, entre otros, que hacen parte de la Colección especializada para la primera infancia del Ministerio de Cultura, y que se encuentran en todas las bibliotecas, incluyendo la recién inaugurada Biblioteca Pública en el Litoral del San Juan, en Chocó”, cuenta Yohanna.

Y eso, a orillas del río, con los niños bailando al son de la música liderada por el sonido de la phipha y las enseñanzas de Donaldo, en nombre del dios Maach Aai, es, sin duda, una forma de disfrutar la cultura y las tradición a través de las expresiones artísticas: es una forma de vivir la primera infancia.

 

 

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