El ambiente como potenciador del desarrollo integral de los niños

 

Por Felipe Sepúlveda, Coordinador de Arte y Cultura de Fundación Carulla aeioTU.

 

Uno de los principios de la filosofía de Reggio Emilia es que el ambiente es un tercer maestro porque ofrece alternativas pedagógicas en el aprendizaje de los niños. Así, en aeioTU, este concepto (el ambiente) hace referencia a los diferentes espacios que promueven momentos de creación, reflexión, incertidumbre y juego, y que favorecen las relaciones sociales y medioambientales de todas las personas, en especial de los niños.

En el ambiente los educadores encuentran cientos de oportunidades para proponer experiencias enriquecidas, sentidas y con la profundidad pedagógica y estética necesarias para el desarrollo de las habilidades del pensamiento (desde la lógica matemática y la comprensión, hasta la adquisición de la lengua escrita y oral, y el raciocinio, entre otros). También permite la construcción de relación que tejen los niños consigo mismos, con el otro y con su entorno.

 

Fotografía cortesía de Fundación Carulla aeioTU.

 

Los niños toman voz gracias a sus múltiples formas de expresarse y de relacionarse con el ambiente. En él los educadores se hacen investigadores, las familias participan activamente y generan IDENTIDAD, gestan una CULTURA DE LA INFANCIA que transforma y aporta al desarrollo de sus comunidades. El ambiente es reflejo y a la vez generador de oportunidades para la construcción del conocimiento de los niños y su participación ciudadana.

La organización de los materiales, la clasificación de los mismos y la distribución de los rincones de interés (características del espacio) facilitan que el juego y las vivencias de los niños tengan una intención clara en su desarrollo según la edad: los hábitos saludables y las competencias sociales emanan de forma más natural gracias a la intención previa del maestro. El ambiente se convierte, entonces, en un aliado para fortalecer y generar experiencias significativas en los niños.

 

Fotografía cortesía de Fundación Carulla aeioTU.

 

Pensar en espacios novedosos que brindan la oportunidad de trabajar pedagógicamente con los niños a través de la poli-sensorialidad y de potenciar el sentido investigador de las maestras es un reto fascinante.

Inspirarse en el juego y en la resignificación de los materiales, especialmente de aquellos que están en desuso o que se han reciclado, es una oportunidad para que los espacios adecuados no dependan de variables como los costos. Por el contrario, la posibilidad de ofrecer estos espacios a los niños descansa en la imaginación, la capacidad recursiva, creativa e intencionada pedagógica de los adultos que acompañan a los niños. Así, adecuar espacios para promover el desarrollo de los niños se constituye en un reto para que los educadores logren consolidar estéticas disciplinadas pero juguetonas, dinámicas pero sensatas, respetuosas de las comunidades pero con propuestas dialécticas; siempre en búsqueda de la coherencia para el desarrollo y aprendizaje de los niños.

Los niños disfrutan el uso de su imaginación impulsada por el deseo de comprender, de aprender y de materializar el conocimiento. Para esto, el ambiente debe ofrecer un sinnúmero de posibilidades para que los niños, junto con los adultos, den forma, color, características tangibles e intangibles a sus ideas, sueños e intereses. Los elementos tangibles e intangibles –como las telas, las pinturas, las piedras, la madera, el viento, el sonido, el agua, la literatura, los libros, las sensaciones…– pueden provocar que todo suceda: que los intereses de los niños surjan, que el juego cobre sentido, que la experimentación y la exploración permitan al niño construir sus propios códigos y que los procesos de profundización se conviertan en investigación.

Cuando los ambientes ofrecen diversidad de materiales éstos se convierten tanto en mediadores del aprendizaje —permitiéndole al niño la exploración de forma curiosa y creativa— como en herramientas para la construcción de su conocimiento. Si un espacio adecuado tiene rincones definidos pero éstos carecen del material idóneo o suficiente, ese espacio empezará a ser comprendido y asimilado de manera errada por los niños.

Por esto, al pensar en los ambientes como potenciadores del aprendizaje, los educadores deben siempre llevar en su mente que se deben escoger recursos que faciliten la construcción del conocimiento, el desarrollo de la creatividad y la recursividad. Así, con diversidad de materiales que se dispongan en diálogo constante con ambientes diseñados con una intención pedagógica, los niños pueden descubrir el sentido de las cosas a la vez que construyen su propio aprendizaje.

 

Fotografía cortesía de Fundación Carulla aeioTU.

 

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3 Comentarios

  1. Excelente, me gusta esa filosofia..

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  2. El espació exterior no es un ambiente?

    Responder
    • Fabuloso

      Responder

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