La filosofía educativa de Reggio Emilia

 

Por Diana Rubiano, Coordinadora Pedagógica Regional de aeioTU.

 

La filosofía educativa Reggio Emilia nació en Reggio Emilia, en una ciudad al norte de Italia. Después de la segunda guerra mundial los adultos de este poblado, que en su mayoría se componía de mujeres y niños, crearon un movimiento ético, cultural y pedagógico que concentró sus esfuerzos en la construcción de una escuela que funcionó durante tres años hasta que se quemó por un corto circuito. Este acontecimiento llevó a que se creara una nueva escuela con dos aulas para 60 niños, situación que permitió comprender que la educación para la primera infancia iba más allá de la infraestructura: en la escuela se integraron elementos como el cuidado, la nutrición y una apuesta pedagógica pensada para los niños y con los niños, con un gran sentido democrático y la participación de la familia y la comunidad.

Diversos educadores y pedagogos italianos aunaron esfuerzos para estructurar la propuesta pedagógica, política y social desarrollada por esta comunidad. Entre ellos se destacó Loris Malaguzzi, un maestro y pedagogo que dedicó toda su vida a la construcción de una experiencia educativa de calidad que, a partir de la pedagogía de la escucha, el respeto y la consideración de las potencialidades de los niños, pudiese reconocer el derecho de éstos a ser educados en contextos dignos, exigentes y acordes a sus capacidades.

 

Foto cortesía de aeioTU.

 

Hoy, siguiendo los lineamientos de Malaguzzi, este modelo educativo continúa siendo alternativo e innovador. La filosofía Reggio Emilia representa una experiencia política, social, cultural, ética, estética y pedagógica que moviliza la construcción de una cultura de la infancia; infancia que tiene derecho a ser dignificada desde la educación como un bien común, como un derecho y como una responsabilidad ciudadana de la colectividad y de los niños como seres humanos.

 

Entre los principios más importantes de la filosofía se destacan los siguientes:

 

1. Los niños son protagonistas activos de sus procesos de crecimiento: son seres únicos, fuertes, con su propia identidad, plenos de derechos y potencialidades; miembros valiosos de su comunidad, constructores de conocimiento.

 

2. El ambiente, los espacios y relaciones: deben invitar al juego, la exploración, el asombro y la investigación.

 

3. Los cien lenguajes de los niños: valorar la diversidad de códigos que utilizan los niños para expresar lo que sienten, perciben y piensan.

 

4. La documentación educativa: hacer visible el aprendizaje y la construcción del conocimiento.

 

5. La investigación educativa: permite comprender y complejizar el conocimiento.

 

6. La escucha: posibilita diálogos permanentes entre los niños, los adultos y el ambiente. Favorece la reflexión y la sensibilidad.

 

7. La participación: valor y medio a partir del cual todos los miembros del proyecto educativo se relacionan e interactúan, valorando las particularidades y la diversidad, esenciales para la construcción del sentido de comunidad y democracia.

 

8. La organización: se refiere a las responsabilidades compartidas, desde lo pedagógico hasta lo administrativo, que permiten garantizar la estabilidad de los niños, el servicio que se ofrece y la evidencia del proyecto educativo.

 

9. La formación profesional: promueve la reflexión, el análisis y la construcción de conocimiento.

 

10. Progettazione: se relaciona con el diseño o estrategia de unión entre los intereses de los niños, los estímulos proveídos por el ambiente y los materiales, los conceptos, las teorías e hipótesis, las ideas y preguntas que surgen a partir de dicha relación.

 

11. Evaluación: reflexión continua de los procesos, los aprendizajes de los niños, la formación profesional, la organización, la investigación educativa y la calidad del servicio.

 

12. El aprendizaje como proceso de construcción subjetiva y grupal: los niños construyen significados, conceptos y realidades a partir de las relaciones con el medio, los pares y los adultos, lo que permite que ellos entiendan el mundo que les rodea.

 

Foto cortesía de aeioTU.

 

En Reggio Emilia se produce un cambio en la visión de los niños como “personas débiles” por la de los niños como sujetos de derechos que construyen y son capaces de elaborar sus propios procesos culturales: procesos que se relacionan y se comunican con el mundo desde el derecho al asombro, la imaginación y la creatividad para elaborar significados de lo que vive, de lo que experimenta el niño. Gracias a esta filosofía cambia, también, la imagen del educador pasivo o impositivo por uno que acompaña, que se concibe como un mediador socio cultural, que es investigador, que valora la cultura de la infancia y posibilita la co-construcción del aprendizaje junto al niño: un maestro competente para niños competentes.

Por otro lado, el ambiente físico se consolida como un espacio que promueve las relaciones e interacciones entre quienes lo habitan, y como un espacio que posibilita el juego, la experimentación y la investigación colectiva. Para la filosofía Reggio Emilia los espacios son lugares de encuentro que abrazan la diversidad de materiales, medios, ideas, preguntas.

Adicionalmente esta filosofía reconoce a la escuela como un espacio para generar conexiones y relaciones constantes entre los niños y los adultos, promoviendo así la participación de las familias y la organización de la comunidad como eje fundamental de su estructura: la educación inicial es una responsabilidad compartida y pensada democráticamente: aquí todos son actores directos en la toma de decisiones, en la solución de problemáticas y en la consolidación de propuestas.

La filosofía Reggio Emilia ha permitido que cientos de miles de educadores vean la educación de los niños más allá del ámbito tradicional; ésta se ha valido del arte para desarrollar una experiencia estética –del pensamiento creativo que valora la relación cultural– y del proceso histórico que legitima la memoria pasada, presente y futura de quienes la viven y la implementan. La filosofía Reggio Emilia es una experiencia que involucra diferentes contextos y culturas, que valora a los niños como seres humanos que pueden transformar sus comunidades desde el desarrollo de su pleno potencial.

 

Foto cortesía de aeioTU.

 

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