Los libros, cantos, títeres y voces de los niños se tomaron el país

El arte, el juego, la palabra y la literatura se tomaron por más de tres meses Puerto Nariño, Dibulla, Sapzurro, Santa Cruz de Mompox y Calarcá, gracias a la “Pasantía en el desarrollo de procesos de promoción de lectura para primera infancia”.

Camila Arevalo, Iveth Alexandra Cuervo, Marcela González, René García y Natalia Maritza Ramírez fueron los estudiantes de últimos semestres y recién graduados que valientemente partieron a encontrarse con los contrastes de una Colombia que le hablan al mar y a la selva, a las islas, a los ríos y a las montañas cafeteras. 

Tres jurados nacionales e internacionales escogieron seis proyectos que buscaban  promover espacios de participación y celebrar a la diversidad, la lectura, la oralidad, el patrimonio y los lenguajes expresivos, propiciando el goce y disfrute de estos como derechos culturales de los niños y niñas de primera infancia. el pilar de los proyectos fue la lectura. 

Por cuatro meses, estos exploradores le transmitieron a los niños historias en todos los lenguajes, y confluyeron con los mitos, leyendas e historias de sabedores y abuelos para generar acciones en las que los niños eran los protagonistas, los gestores culturales y animadores de las lecturas más entusiastas. 

Kurupira Stereo (Puerto Nariño, Amazonas)

En el pesebre natural de Colombia, como dice uno de estos programas de Kurupira Stereo, en Puerto Nariño, más exactamente en la biblioteca municipal Popero Plata (casa del libro) nace este programa de radio con las voces de los niños, niñas y la comunidad del Amazonas en donde convergen los pueblos Ticuna, Cocama y Yagua. 

Las historias que se escuchan son producto del dedicado trabajo de Camila Arévalo, ganadora de la pasantía, quien llegó a este lugar para generar vínculos con los niños, la escuela y los sabedores alrededor del libro. 

La diversidad cultural de los pueblos indígenas que habitan el territorio amazónico enriqueció las experiencias en torno de la lectura. Lecturas como la de Chocó, encuentra una mamá, El canto de “wive rucha” , o De agua, canto, viento y verdor,  terminaban en largas conversaciones sobre las prácticas y rituales que alrededor de la crianza de los niños y niñas de estas comunidades. 

Los protagonistas siempre fueron los niños, quienes participaron en los talleres y tomaron el micrófono para hablarle a la comunidad del poder transformador que tienen sus voces para cambiar sus entornos.

El nombre de Kurupira Stereo fue elegido en una asamblea infantil. Los niños lo eligieron porque significa el espíritu que defiende al Amazonas. Querían que el proyecto se centrara  en la protección de su territorio, pero también en lo que los identifica y representa como niños de Puerto Nariño. 

Lectura compartida (Dibulla, Guajira)

En el lugar ideal para volver a nacer, como dice Iveth Alexandra Cuervo, se llevó a cabo el  proyecto “Lectura y desarrollo infantil” en asocio con la Biblioteca Pública Municipal de la Guajira. Iveth visitó el hogar infantil del ICBF; el preescolar de la I.E. Municipal, y las comunidades el Limonal, Opotoromana (wayuu), centro etnoeducativo kogui (Sierra Nevada), y al Centro de Salud (promoción y prevención, PIC). En estos lugares se vio la necesidadde incorporar a los niños a lectura, igual que a sus familias.  Así, los niños inspiraron a sus padres a leer, incluso en ambientes tan hostiles como los centros de salud donde Iveth trabajó con las diadas (madre/hijo). Allí leyeron en grupo, niños en el regazo de sus madres mientras esperaban ser atendidos.

En otros lugares, como la Institución Educativa Internado Kogui, en el pueblo indígena de domingueka, los niños compartieron lecturas al aire libre con el viento corriendo para luego leer también su entorno, acompañados de plantas, olores, formas y sus tradiciones. 

En medio de la reserva kogui-Mmalayo-arhuaco, en la Sierra Nevada, y en  territorios llenos de rancherías wayuu, Iveth les presentó a las comunidades el Aplicativo SAI (Cuentos de Indígenas Ancestrales) y con historias como el del El conejo y mapurite, de origen wayuu, o el cuento El cóndor y la rana. Iveth pudo entrelazar un diálogo de saberes como si creara un tejido representativo de la región. 

Caná: un mar de historias por navegar (Sapzurro, Chocó) 

Leer, escuchar, observar, danzar, cantar y crear en medio de la espesura de la selva y bajo la brisa cálida del Caribe fue lo que hizo posible  este proyecto Marcela González. Con él propició la lectura entre niños y niñas de primera infancia de los hogares infantiles Los delfines y La Frontera, un grupo de lectura y experimentación creativa. A partir de la pedagogía vivencial los niños y niñas reconocieron  a través del arte, el juego, la palabra y la literatura, las prácticas sociales y rituales que realiza la comunidad en relación a las dinámicas y prácticas que se realizan en el mar, la selva y los ríos. Como resultado hubo una exposición artística que mostró a la comunidad el patrimonio cultural local del que son herederos.  

Sapzurro, que en lengua guna significa  “bahía profunda”, queda al noroccidente de Colombia, en plena selva del Darién, en el golfo de Urabá. Fue el escenario perfecto para vivir una fiesta de lectura, derroche de imaginación y creatividad. Durante este tiempo se desarrolló, en compañía de niños y niñas de dos a cuatro años y de sus maestras, un proceso de sensibilización sobre el patrimonio inmaterial local que permitió visibilizar parte de las riquezas que brinda la diversidad de ecosistemas y paisajes. 

La poesía  y cantos locales, conectaron con los relatos de algunos abuelos como la Señora Narcisa Borja Meléndez que dentro de sus relatos recordó el trueque: Hace ya cincuenta años /Vivíamos todos contentos/ Porque existía el intercambio del coco por alimento /Don Bran y Juan Agustín eran  dos de los viajeros /Que nos traían de Tolú /La carne, el queso y el suero/ Navegaban con el viento /Desafiando al mar bravío /Pero llegaban contentos /Cumpliendo su cometido

La casita de los títeres (Santa Cruz de Mompox)

La casita de los títeres fue el proyecto de promoción de lectura desarrollado en el corregimiento de Las Boquillas, en el municipio de Santa Cruz de Mompox, Bolívar. Allí René García tuvo la osadía de fabricar con los niños títeres bocones y encargarse del aprendizaje de su técnica y manejo, para la representación en la escena de cuentos infantiles, historias, mitos, improvisaciones de creación colectiva, así como las memorias y los saberes locales propios de la población boquillera. 

La casita empezó a hospedar más y más ideas. Se extendió a la creación de BiblioCasas, que consistió en la fabricación de pequeñas bibliotecas de cajas de cartón, que cada niño llevaba, pintaba y decoraba, con el fin de tener una biblioteca en casa. 

Después de la BiblioCasas, René quiso explorar la creación de minicuentos propios y, con toda esta experiencia reunida, creó el primer Festival de Lectura, Títeres y Teatro de Mompox. 

En él  se presentó la lectura dramática de La cenicienta, versión de Cuentos en verso para niños perversos. Y dos obras de teatro, una inspirada en Maguaré en La Ceiba: El libro perdido de Gigi y otra pequeña improvisación de 5 minutos de El cara e’ caballo (personaje mítico que le sale a los pescadores en el río Magdalena; mitad pez, mitad caballo, humano, sirena). 

Taller de Literatura Infantil (Calarcá, Quindío)

Natalia Maritza Ramírez tuvo como objetivo la promoción de lectura para la primera infancia fuera de la biblioteca. Llevó la literatura a otros lugares, especialmente el área rural de Calarcá. Además, hizo un acompañamiento de promoción de lectura a los jardines y colegios del casco urbano de Calarcá, con el fin de que los niños y niñas conocieran la bebeteca de la biblioteca. 

El proyecto se llevó a cabo  en las veredas La Primavera y Quebrada Negra, con la Institución Educativa San Rafael, y en el casco urbano del municipio con la Institución Educativa Antonio Nariño, el Hogar Infantil Las Amapolas (Fundali) y la Fundación San Antonio de Padua. 

Taller de Literatura Infantil planteaba una relación viva entre la lectura y la creación.  Después de cada lectura, los niños optaban por la creación literaria, la creación visual o plástica. En uno de los talleres de animales de la jungla leyeron ¿Quién ha sido?, de Ben Redlinch y ¡Beso, beso!, de Margaret Wild y Bridget Strevens-Marzo. La actividad creativa que acompañó estas lecturas fue llenar de vida y color máscaras de animales de la selva.

Pese a que Natalia Maritza Ramírez quiso empezar con los cuentos de hadas le sorprendió que los niños y niñas escogieran las leyendas populares o historias de miedo para narrarlas desde su creatividad.   Eligieron a a llorona, a las brujas, a los espantos, etc. Los niños también se inspiraron en sus contextos para realizar los talleres de creación. Los dibujos de vacas, fincas y campesinos no se hicieron esperar. De allí surgieron historias como las del El camión y el fantasma y la mula vieja, La vaca que se encierra, La vaca pasando el puente viejo y La reina paseadora

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